martes, julio 04, 2006

Impuesto específico y egoísmo

En los últimos días se ha visto a los automovilistas reclamando (organizadamente) por el precio de la bencina. Exigiendo su “derecho” a consumir combustible barato, o más bien sin impuestos, para poder usar sus autos todo lo que quieran (a quemarropa).

Una demanda como esta se entiende viniendo de parte de los que utilizan sus vehículos como herramienta de trabajo, pero en ningún caso de parte de los usuarios particulares. Por otro lado, los que trabajan con vehículos motorizados pueden fácilmente traspasar el alza de los costos a sus tarifas... pues ante la inexistencia de alternativas seguirían siendo competitivos.

Llama la atención ver a un grupo de ciudadanos reunidos y movilizados por una causa tan egoísta. ¿Será una manifestación de la cultura individualista de la que tanto se habla?

Está claro que el usuario “medio” del automóvil no entiende que genera un costo que tiene que ser asumido por todos, incluso los que no andan en auto. Tal vez si lo entiende, pero es egoísta y no piensa bajarse de su auto, que es cómodo y le da “status”. Menos piensa en pagar impuestos para compensar los costos que genera (por contaminación o congestión). Es más, es capaz de reclamar por los tacos... exigiendo más autopistas y calles, cuando el mismo es el culpable.




Más allá de estos costos “obvios” está la alienación del automovilista, que se auto-segrega de la ciudad y comienza a considerar al resto de sus habitantes como “el enemigo”. Es conocido el rencor que algunos automovilistas guardan para ciclistas y buses: esos “molestos intrusos” que ocupan espacio en las calles y que entorpecen el andar de sus (obviamente más importantes) autos.

Es cierto que (ahora) no existe una buena alternativa a moverse en auto, es decir un sistema de transporte público de alto estándar. Sin embargo mientras más gente usa el auto, menos gente usa el transporte público y se genera lo que se conoce como el “circulo vicioso del transporte público”. En pocas palabras, si no se desincentiva fuertemente el uso del auto, la demanda por transporte público jamás será suficiente como para que este sea un buen negocio y pueda ofrecer buenos niveles de servicio. Eso sin considerar que la congestión que generan los automóviles afecta los tiempos de viaje del transporte público.

La alternativa sería subsidiar el transporte público... pero hay que sacar la plata de algún lado y ¿Qué mejor manera de financiar el transporte público (que no congestiona) que cobrándoles a los automovilistas (que si lo hacen)?

En fin, por donde se mire no es justificable disminuir los costos de usar el automóvil. De lo único que hay que preocuparse es que la plata recaudada en impuestos se utilice para mejorar el transporte público (cosa que ahora no se hace... ¡¡ por eso si que hay que reclamar!!)

Guardando las proporciones, pedir la eliminación del impuesto específico al combustible es equivalente a pedir la eliminación del impuesto al tabaco (me gusta fumar, me carga que me salga caro y no me importa hacerle daño al resto del mundo y a mi mismo).

Yo soy fumador y ciclista (pésima combinación) y ojalá me cobraran más por los malditos cigarros... Quizás si fueran suficientemente caros dejaría de fumar.


Usando una lógica similar: quizás, si la bencina sigue siendo cara, disminuya el número de autos... con lo que podríamos llegar a tener una ciudad más vivible y amable.... ojalá.



5 comentarios:

Cristian dijo...

El análisis está súper bien hecho... el problema es cómo hacer entender a la gente esta lógica. Yo soy exactamente de tu misma opinión. Además que es bastante claro, microeconómicamente hablando, que los subsidios (a la bencina, por ejemplo), terminan favoreciendo... adivina a quién... a los que ganan más dinero y por ende pueden comprar más autos para generar más congestión...

Un problema de cultura. Saludos.

jdelard dijo...

Hola,
Considero que el debate se está tornando un poco teórico.
Quiero partir hablándoles desde el punto de vista de una persona en que toda su familia trabaja en una PYME. El traspaso del costo de la bencina a los productos no es algo trivial. Decir que se traspasa y YA, no es tan sencillo. (Ejemplo: la industria del calzado nacional, en que cada vez se importa más)
Estoy absolutamente de acuerdo en desincentivar el uso del automovil, pero me parece que cada día que pasa se hacen peor las cosas.
Parecería que a este circulo vicioso cuando nadie puede ponerle atajo. Yo creo que el estado puede y facilmente. El estado podría haber invertido una parte de una linea de metro y pagar la totalidad del mejor sistema de transportes del mundo. Luego de esta medida (subsidio o flujo negativo anterior), y con un sistema totalmente funcionando en que la gente TIENE ganas de subirse, se podría aplicar la tarifiación vial y aumento de tributos que se estime conveniente. Porque le estás ofreciendo a la gente una muy buena alternativa. Pero no se puede forzar a alguien a meterse en un camión amarillo ruidoso, creyendo así que eso es mejor la calidad de vida de la gente. Al final, la ciudad es la gente.
La pregunta es: ¿A quien se le carga la mano? ¿Al usuario que tiene que subirse a una mierda de micro hasta que el sistema sea viable? ¿O, como ingenieros y personas preocupadas de la calidad de vida, partimos con un subsidio al Transantiago o otros planes, compramos los buses y arreglamos las calles? ¿No creen que la gente se querría bajar de su precioso auto de esa manera? ¿Porque hay que pasarlo mal por que las autoridades no saben gastar bien la plata, o encuentran que una autopista es más popular, y quieren forzar a la cuidadanía a andar en un transporte pésimo?
Yo creo en el mismo ideal que ustedes, pero creo que no se puede partir inculcando a la gente con un sistema pésimo por que el objetivo es genial. Mejor, mostrémosle el camino.
Yo creo en algo más radical.
Balance del último tiempo: Metro a Maipu (al parecer) y Autopistas Urbanas. Pavimentaciones lamentables (Sí. Lo sé. Un poco MegaNoticias este análisis... jaja) Pero algo no está bien.
PD: Si no se entendió nada, quedense con la idea que no estoy de acuerdo con mantener un precio tan alto de la bencina, cuando se planifica todo tan mal, o mejor dicho, populistamente. Yo no elijo autoridades porque me caigan bien o tiren más fuegos artificiales.
PD2: La bencina es uno de las factores de mayor influencia en los productos de consumo básico. Casi 100% del sueldo de la gente pobre se gasta en productos de consumo. Si creen que un "subsidio" beneficia a los ricos, creo que me atrevo a diferir. Para los ricos bajar UNO de sus costo, pero para los pobres es menor gasto total.
PD3: No tengo auto hace 3 años. No es porque el transporte público de superficie haya mejorado, sino porque el Metro es esquisito. Ahora, hay que hacer lo mismo en las calles.
PD4: Estoy muy agradado con este blog. Se están analizando temas muy interesante. Sigan así!

Ricardo dijo...

El análisis del comentario anterior me parece excelente.

En el fondo el meollo de todo este asunto es como se gasta el presupuesto, ¿priorizando el transporte privado o el público?

Lo que hay que averiguar es si es "el huevo o la gallina". ¿La cosa falla porque hay mal transporte público o porque hay mucho incentivo al uso del auto?...

Probablemente sean las dos cosas.

Que hay que hacer??.... ufff, no se (aunque debería)

Anónimo dijo...

El problema con ese impuesto, que surgió en la época de Pinochet, es que su fin era el de generar dinero para PAVIMENTACIÓN (la carretera Austral) y mantención de calles...

Ahora, las carreteras están CONCESIONADAS (entonces, que pasa con lo recaudado para ese fin por el impuesto?) y están sacandole la plata a la gente con el impuesto y con el uso de la carretera concesionada... porque? el impuesto era para construir carreteras!!! ahora hay que pagar el impuesto para construir carreteras y pagar para usar carreteras que no se han construido con el dinero de ese impuesto!!!

Sobre la función de mantener las calles con lo recaudado con ese impuesto... no es necesario diga nada más...

Anónimo dijo...

Puede que en algún momento de la decisión (recordemos que no había mucha discusión en la época) se haya argumentado que el impuesto específico a los combustibles se usaría para construir más carreteras.

En la vida real, el impuesto específico ingresa a las cuentas generales de la Nación y queda disponible para su gasto en cualquier ámbito del sector público (puede ser para adquirir subamarinos, comprar material quirúrgico para un consultorio, pagar la impresión de una revista institucional, financiar el crédito universitario de un alumno, pagar la construcción de un camino o pagar el sueldo de funcionarios públicos como yo). En general, ningún impuesto puede ser destinado a un uso específico, sino que debe sser discutida su utilización en el proceso de presupuesto anual.

Puedo dar fe que el mayor o menor ingreso por el impuesto específico no afecta en lo más mínimo el presupuesto ministerial, ni hay consideraciones especiales para quienes están encargados de construir o mantener calles y caminos.

Espero que este "mito urbano" de que el impuesto específico a los combustibles se usa exclusivamente en calles y caminos haya quedado superado.

Sobre el tema de fondo, tiendo a aplaudir a las autoridades que generan subsidios a la demanda (bonos para los sectores más pobres, para comprar gas licuado o parafina, en otra arista del alza del combustible) y mantener un valor alto del combustible para racionalizar el uso del automóvil (¿se imaginan la situación si el precio fuera más bajo?). Para ser capaces de transferir recursos desde el transporte privado al transporte público, requerimos más ingeniería en generar una buena propuesta y sensibilización en la gente.

Un funcionario MOP